Por qué el siglo XVIII francés sigue definiendo lo que entendemos por elegancia
Cuando hablamos de Francia en el siglo XVIII, acuden a mi mente un tropel de variadas imágenes: desde Versalles y sus jardines, donde no me cuesta imaginar paseando a los miembros de la corte con caras empolvadas e incómodas pelucas, hasta el trágico destino de María Antonieta, pasando por las notas de «La Marsellesa», que aún hoy los franceses cantan con orgullo.
De ningún otro país en el siglo XVIII tenemos tanta información en la memoria como de Francia. Y es que, desde que Felipe IV de España y Luis XIV de Francia firmaran la Paz de los Pirineos (1659), Francia se convirtió en la potencia política y cultural hegemónica en Europa durante el final del siglo XVII y todo el XVIII.
Durante este periodo, Francia marca el tono: todas las cortes vuelven sus ojos a París, el francés es el idioma de la diplomacia y el estilo que llega desde Versalles determina el gusto europeo.
Fue un momento en el que el arte, la literatura, la arquitectura y, por supuesto, el mobiliario —incluyendo el desarrollo del escritorio— alcanzaron una sofisticación extraordinaria.
En este artículo proponemos un breve recorrido por el contexto histórico y cultural del siglo, destacando el reinado de Luis XV y el estilo rococó, con especial atención a las tipologías de muebles de escritorio, como el bureau.
Francia en el siglo XVIII antes de la Revolución
El siglo XVIII en Francia comenzó aún bajo la sombra del largo reinado de Luis XIV, el Rey Sol. Su muerte en 1715 supuso la subido al trono de su bisnieto Luis XV, que contaba entonces con 5 años. Los primeros años de su reinado, etapa conocida como la Regencia (1715–1723), abrieron las puertas a una mayor libertad cultural y a un cambio en el gusto artístico.
Durante el siglo XVIII, Francia se consolidó como el gran referente cultural de Europa. París era el epicentro intelectual del continente. Fue el siglo de la Ilustración, con figuras como Voltaire, Jean-Jacques Rousseau y Denis Diderot, cuya obra colectiva, la Enciclopedia, simbolizó el espíritu racional y crítico del momento.
En el ámbito artístico, el siglo comenzó aún los últimos rescoldos del gusto barroco, que se irá transformando hacia formas más curvas para dar paso al esplendor del rococó. Pintores como Antoine Watteau marcaron el inicio del gusto rococó con escenas galantes, delicadas y luminosas.
Más adelante, el arte se orientaría hacia una estética más sobria y clásica, acorde con los cambios políticos que desembocarían en la Revolución Francesa de 1789 durante el reinado de Luis XVI. La Revolución marcaría un antes y un después en la historia no sólo de Francia sino de todo el Continente.
El reinado de Luis XV y el nacimiento del estilo que lleva su nombre.
Luis XV reinó oficialmente desde 1715 hasta 1774. Su reinado fue el segundo más largo de la historia de Francia. Aunque al inicio de su reinado fue llamado «el Bien amado» por su pueblo, su desinterés por la política llevó a diversos reverses para el país que no hicieron sino alimentar poco a poco las llamas de la Revolución que arrasarían con todo el orden establecido.
Hubo una mujer que cabe destacar en la vida de Luis. Y no, no es su esposa la polaca María Leszczyńska, a pesar de haberle dado 10 hijos en 10 años. La mujer que ha que quedado ligada a la historia del monarca es su amante más famosa, Madame de Pompadour. Aún después de dejar de ser su amante, fue su consejera y favorita. A ella se debe la fundación de la manufactura de patrocinio real de Sévres.
Durante su reinado hay un cambio paulatino del gusto: desde la pompa y majestuosidad barroca hacia la elegancia y la fantasía característica del rococó (también denominado popularmente «estilo Luis XV» por desarrollarse principalmente durante el reinado del monarca).
El nuevo estilo reflejaba un cambio en la vida cortesana y doméstica. Las fastuosas y pomposas salas barrocas dejan paso a ambientes más íntimos y alegres, que albergan a una sociedad festiva, refinada y ligera. Destaca el gusto por las «Chinoiseries», ya sea en forma de paneles lacados directamente traídos del lejano Oriente o las decoraciones de estilo chinesco tan popularizadas por François Boucher, entre otros artistas.
Las artes decorativas alcanzaron cotas inigualables de refinamiento: desde los muebles de Cressent y Van Risen Burgh, los tapices y alfombras de Aubusson y Beauvais, a las delicadas porcelanas de Sévres. No puedo pasar sin hacer una breve mención a la Manufactura de Sévres, cuyas piezas son un paradigma de la exquisitez del gusto de la época: colores delicados, fondos azul celeste o rosa «Pompadour», escenas galantes y una exquisita calidad técnica.
El estilo rococó en el mobiliario
El cambio paulatino en el gusto hacia la línea curva desembocará en el triunfo del rococó. Las simetrías y el gusto clasicista del barroco presente en el mueble de época Luis XIV dan paso a un nuevo lenguaje artístico y decorativo caracterizado por las asimetrías, los perfiles ondulantes, la decoración floral y las rocallas.
El desarrollo de un estilo tan profundamente anticlásico sólo se entiende en las regiones de Centroeuropa, con un sustrato cultural más arraigado en la naturaleza que en los motivos clásicos. En mi opinión, nadie ha explicado tan bien la alternancia de estilos clásicos y anticlásicos como Margarita Pérez Grande, experta en platería y profesora durante mis estudios en la Escuela de Arte y Antigüedades. Ella nos hizo ver que la rocalla es realmente un elemento abstracto: ¿es una concha marina?, ¿un elemento vegetal?. Sólo en regiones con un sustrato no clásico (zonas celtas, generalmente) se puede entender dicho motivo. Cuando el motivo se exporta y se copia si entender lo que significa, da como resultados formas frías y recargadas, que en países como España dieron como resultado grandes críticas hacia este estilo que no se entendía y nos venía impuesto por el gusto afrancesado de la época.
Además del desarrollo de la rocalla, los motivos florales fueron otros de los protagonistas de la época: ya sea en mazos, cestos o ramilletes, conquistan las superficies de muebles, alfombras, paneles y tejidos. Para entender mejor la vestimenta del momento, nada como una visita al «Museo del Traje» de Madrid, donde podemos admirar la vestimenta «a la francesa»: casacas para los hombres, batas y vaqueros para las mujeres, entre otras prendas, elaboradas en sedas y otros tejidos de suaves colores y decoración floral.
Como ya hemos adelantado, si algo caracteriza al estilo rococó es la línea curva. Las superficies de los muebles se curvan y la decoración «crece» por la superficie, creando formas orgánicas en las que la decoración y la estructura están perfectamente integradas. Las patas de los muebles se estilizan y curvan, dando como resultado las famosas patas cabriolet, tan ligadas al lenguaje estético de esta época.
Además de las marqueterías y los bronces dorados aplicados, característicos de los muebles más lujosos, se desarrolla también la decoración tallada en los elementos constructivos del mueble: patas, brazos, respaldos, etc.
Tipologías de muebles en el periodo Luis XV
El mueble durante el periodo de Luis XV, destinado a ambientes más reducidos e íntimos, también es de dimensiones reducidas. El mobiliario se multiplica en una variedad de tipos que se adaptan a los más diversos servicios. Encontramos todos tipo de mesitas: para el día, la noche, para el juego y el servicio. Cómodas abombadas (bombée), rinconeras, sillas y butaquitas, canapés, sofás y chiffonniers hallan acomodo en dormitorios salones y boudoirs.
Algunos de estos muebles tienen nombres tan evocadores en francés como incomprensibles en español:
Bonheur-du-jour
-Bonheur-du-jour (traducido como «felicidad del día»), un tipo de delicado escritorio destinado al público femenino.
Duchesse en bateau
-Duchesse en bateau (duquesa en barco), un tipo de sofá con respaldo curvo muy característico de la época.
El mobiliario, además de estar muy especializado para actividades concretas, evolucionó hacia la comodidad. Bergères y sillones se adaptan al cuerpo y los brazos se retranquean para permitir a las damas sentarse con más facilidad (no olvidemos que el cuerpo de la mujer en este periodo está aún atrapado y moldeado por cotillas y paniers – miriñaques-).
El bureau en pente y otros muebles de escritorio del siglo XVIII
El siglo XVIII fue una época de gran especialización en el mobiliario. Aparecieron nuevas tipologías adaptadas a funciones concretas. Este es el caso de los muebles de escritorio: en una época en la que la carta era un medio esencial de comunicación, disponer de un mueble funcional y elegante para escribir era símbolo de refinamiento. Las nuevas tipologías de muebles de escritorio irán desplazando en España al mueble tradicional, el bargueño.
En este contexto, cabe destacar la importancia de dos tipos de bureau (o secreter, que será el término español):
El bureau à abattant
-El bureau à abattant, que es un escritorio vertical que consta de dos cuerpos: el inferior con puertas y el superior de tapa abatible. Aunque los hay durante el Rococó, menudearán más en el Neoclasicismo y el S. XIX, como nos explica Sofia Rodríguez Bernis («Diccionario de mobiliario»).
El bureau en pente
-El bureau en pente, que es la pieza que compartimos hoy con vosotros. Se trata de una mesa escritorio que se cierra con un tablero inclinado abatible que, cuando se abre, se apoya sobre correderas y sirve como superficie para escribir. Suele tener cajones en el exterior y también en el interior. Suelen tener un tamaño entre pequeño y mediano y estaban destinados a escribir correspondencia y servir como guardapapeles.
El bureau en pente que compartimos hoy con vosotros es una buena muestra de las nuevas tipologías surgidas en este siglo. Presenta las características más destacadas del estilo Luis XV: gusto por la línea curva, patas en cabriolet y una proporción acorde a las necesidades de la época. Además, para deleite de todos los amantes de las antigüedades, conserva el cuero original en el interior de la tapa.
La madera en el mobiliario del siglo XVIII: el uso del cerezo
La calidad de las maderas fue fundamental en el mobiliario francés del siglo XVIII. Las piezas más lujosas solían estar decoradas con marqueterías de maderas nobles y exóticas y bronces dorados. Pero en regiones fuera de París, donde el acceso a materiales exóticos podía ser limitado, el cerezo fue ampliamente utilizado para fabricar cómodas, armarios y escritorios de gran calidad.
El cerezo se caracteriza por un tono cálido, entre el rojizo y el dorado, que con el paso del tiempo vira a rojizo caoba. Es una madera muy adecuada para tallarla, elaborar superficies curvas e incluso para chapeado.
La pieza que nos ocupa muestra el color cálido que adquiere el cerezo, así como la veta ondeada que se puede apreciar especialmente en los laterales.
La pervivencia del estilo en el mueble provincial y popular
Un aspecto fascinante del mobiliario en la Francia siglo XVIII es cómo los estilos cortesanos se difundieron por todo el territorio, adaptándose a contextos locales.
Mientras en París los grandes maestros ebanistas producían muebles sofisticados para la corte y la alta burguesía, en las provincias los artesanos reinterpretaron el estilo Luis XV con medios más sencillos. Así surgió un mobiliario menos recargado y adaptado a las necesidades de la burguesía rural. Suelen ser muebles robustos, por lo que han resistido muy bien el paso del tiempo.
En el ámbito provincial, donde las novedades de la Corte tardaban más en llegar y establecerse, el lenguaje del estilo rococó tuvo una gran aceptación, lo que explica su pervivencia en el tiempo. Las patas y superficies curvadas, los motivos florales, las nuevas tipologías pensadas para ambientes reducidos…todo ello se adaptó y arraigó en el mobiliario de provincias y perduró durante décadas en el mueble popular.
Esta pervivencia demuestra la fuerza del lenguaje estético del periodo. El éxito del mobiliario de esta época radica en su equilibrio entre belleza y funcionalidad y su capacidad para integrarse en interiores de cualquier época. Por ejemplo, el diseño de nuestro bureau resulta hoy en día aún muy atractivo y perfectamente adecuado para un interior contemporáneo, no sólo por su funcionalidad y su proporción sino por su belleza atemporal.
Conclusión
Explorar el mobiliario de la Francia siglo XVIII, especialmente durante el reinado de Luis XV, es adentrarse en un universo de elegancia, innovación y sensibilidad artística. Este periodo transformó profundamente la manera de concebir el espacio doméstico.
Un bureau de pente, una cómoda abombada o una chaise longe no son simplemente muebles antiguos: son fragmentos de historia que conectan directamente con un siglo decisivo en la cultura europea.
Bibliografía
- «El mueble del siglo XVIII. Francia, España y Portugal». Colección «El mundo de las Antigüedades.
- «Diccionario de mobiliario». Sofía Rodríguez Bernis.
- «Furniture from rococo to art deco». Varios autores.





